San Nicolás de los Arroyos, una ciudad metalúrgica anclada en la pampa argentina. Allí nací un invierno de 1987, y allí di mis primeros pasos meses después. Desde entonces, las acciones de investigación artística en los espacios públicos, las caminatas incansables, la convivencia junto a pueblos originarios de América y África y los proyectos sociales y educativos en comunidades rurales, han ido articulando capítulos de una narrativa muchas veces inconexa y difusa, donde la curiosa mirada migra en acto creativo.

Mi hacer creativo nace en la confluencia entre camino e imagen, en el cruce de lo antropológico y lo visual.

Hay quien dice que el caminar por nuevas sendas provoca una dislocación de la mirada. Si no la provoca, al menos invita a migrar la mirada; sugiere una reeducación de la percepción y de lo perceptible. El acto pasivo de contemplar nuevas cosmovisiones, es la antesala de la acción comprometida por configurar nuevas imágenes, por plantear nuevos interrogantes, por trazar nuevos horizontes.

En mi camino intercepto aquellas imágenes que puedan formular preguntas más que afirmaciones. Indagó la materia interrogante del signo dislocado, dibujando posibles bifurcaciones sobre el inmensurable campo semántico de la interpretación. Para ello abordo una multiplicidad de técnicas, como la fotografía, la performance, la escultura, la escritura, el diseño, los videos o las experimentaciones sonoras.

Al dislocar la mirada, el signo se contorsiona, al igual que un gimnasta, develando su notable elasticidad. A quién creyéndose sin escapatoria, pisa los brotes florecientes que yacen bajo sus pies, le acerco un mundo fecundo donde sembrar interrogantes, próximo a aquella frontera difusa donde el signo pierde su unicidad semántica y gana multiplicidad de lecturas.

Este juego circunda a la imagen, la imagen deviene pregunta, y la pregunta es el combustible en mi camino.

Arturo Rugh